LAS TAREAS DE LA REVOLUCIÓN

9 Ago

Por: Antonio Aponte

El susurro a los militares es continuo, los plumíferos de la oligarquía no cesan en sus llamados. El imperio ya prima otras vías, la mesa quedó como plato de segunda.

Las señales son claras, la conclusión definitiva, ya el consenso de las diferentes fuerzas en pugna no respalda la salida electoral, la crisis busca nuevos caminos. No entender esto, enceguecerse frente a la realidad, nos conduce al fracaso. Es necesario tomar medidas. Nuevas tareas surgen para los Revolucionarios. Veamos.

Ya la etapa pequeño burguesa de la Revolución toca a su fin, se agotó, ahora es necesario preparar la etapa de consolidación revolucionaria, el dilema es claro: la Revolución avanza o perece. ¿Cómo hacerlo?

Es un lugar común, un cliché, decir que el Estado burgués debe ser superado, que es necesario sustituirlo por el Estado Revolucionario. Esa parece ser la causa de todos los males y razón para el desencanto. Las respuestas al cómo hacerlo dividen las aguas dentro de la Revolución.

Unos, intentan meter la realidad dentro de los libracos, proponen etapismo trasnochado y se diluyen en su dogmatismo. Otros, se hacen la vista gorda, se esconden e ignoran la situación, reciclan las acciones, siguen adelante con sus ficciones que sólo existen en sus papeles llenos de números vacíos.

El Estado burgués debe ser sustituido a partir de la evolución de la Revolución, es decir, desde nuestra realidad. Y debe ser sustituido para respaldar una nueva relación social. Veamos.

El gobierno está en manos de los Revolucionarios, el Presidente es Chávez, administramos el presupuesto, dictamos leyes, tenemos mayoría en la Asamblea, Chávez mueve y emociona a la multitud, los ministerios trabajan, dan créditos, atienden la salud, la educación, el deporte, el transporte, tenemos soberanía.

Esta realidad no puede ser ignorada, el viejo Estado tiene un importantísimo papel en su propia sustitución. Aquí no cabe imitar modelos propios de otras situaciones, no hay demolición como sucede cuando la Revolución arriba al poder de forma violenta, tal como sucedió en Cuba, en Rusia. Las condiciones de Revolución Pacífica imponen otra fisiología.

En nuestra Revolución las batallas, los avances, pasan por triunfos en el territorio de las instituciones del viejo Estado. En estas batallas ganamos la primera condición de una Revolución: existir y simultáneamente avanzar en la comprensión de las necesidades revolucionarias.

Esta originalidad de la Revolución pacífica conlleva un gran peligro: olvidarse de la necesidad de modificar esa institucionalidad, conformarse con ganar estas batallas subalternas y olvidarnos que en cada elección burguesa la Revolución se desgasta.

La Revolución pacífica es una carrera entre los cambios de conciencia, de cultura, y el desgaste de las elecciones burguesas. Si no cambiamos con suficiente rapidez, el desgaste nos aniquila.

Las próximas elecciones deben ser ganadas preparando las condiciones para los cambios, sólo así, existiendo y cambiando, triunfaremos. Esa es hoy la doble batalla que enfrenta la Revolución: ganar las próximas elecciones y paralelamente crear condiciones para el cambio. Existir para cambiar.

!Sin Chávez no hay Socialismo, Sin Socialismo no hay Chávez!

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