OLIGARCAS Y OLIGARQUÍA

24 Feb

Por: Antonio Aponte

Un sistema social es una relación determinada, espiritual y económica, entre los hombres.

El sistema feudal, por ejemplo, es constituido por la relación de propiedad y la espiritualidad con ella enlazada, propia del feudalismo. Los hombres son feudales porque viven en esta relación. Sustituir a un sistema no es sustituir a los hombres que lo forman, es sustituir las relaciones materiales y espirituales que lo determinan. Un nuevo sistema social es una nueva espiritualidad que se entrelaza con la nueva relación económica.

Desconocer lo anterior ha llevado al fracaso a muchos esfuerzos revolucionarios. El 23 de Enero fue derrotado, no se pudo avanzar, por desconocimiento, por confundir al sistema con los hombres que lo componen. Fabricio se dio cuenta de esto y lo escribe en su carta de despedida al Congreso: “El 23 de enero, lo confieso a manera de autocrítica creadora, nada ocurrió en Venezuela, a no ser el simple cambio de unos hombres por otros al frente de los destinos públicos”.

Después de medio siglo nos encontramos en una encrucijada similar, es posible avanzar hacia el Socialismo, pero de manera obstinada se repite la confusión entre nosotros: cándidamente pensamos que desplazar a algunos conspicuos oligarcas es acabar con el sistema capitalista. Creemos que es Socialismo expropiar algunas tierras, unas pocas fábricas, hacer correr a zuloaga, a mezerhane o pelear con mariacorina, y simultáneamente alimentar a otros oligarcas, crear nuevos capitalistas, proteger su propiedad de los medios de producción y dejar intactas las condiciones, las relaciones materiales y espirituales del sistema oligarca.

La historia y la mínima sensatez nos indican que esa confusión es camino al fracaso, así ahogamos a la posibilidad socialista, nos deslizamos a la contrarrevolución y terminaremos en el fango de los socialdemócratas, que aún se venden como anticapitalistas y antiimperialistas.

La medida del avance revolucionario es la sustitución de las relaciones sociales, las materiales y sobre todo las espirituales. Este cambio incorpora a la conducción de la sociedad a lo mejor de las clases, a lo más sano, de las dominadas y de la dominante.

Recordemos que la batalla principal es en el alma del pueblo, en la cultura, es allí donde se ancla el viejo sistema y se resiste a morir. Todo el esfuerzo de la Revolución debe ser dirigido a cambiar la última barrera de protección del viejo sistema: la cultura, los valores que sustentan el viejo sistema son muralla donde se estrellan los intentos revolucionarios, en esa hoguera se incineran dirigentes y pueblos.

Los dirigentes deben tener el coraje intelectual y material de renacer, de despojarse de lo viejo y asumir lo nuevo imaginado, ser hombres del futuro. Su vida toda debe ser asombro, resplandor del nuevo mundo, sorprender, mostrar la nueva manera de vivir, proyectarla al pueblo, cambiarlo todo, desde la manera de vestir hasta la manera de comer. Es el ejemplo el mayor instrumento educativo.

¡Irreverencia Chavista!

Fuente: http://www.ungranodemaiz.blogspot.com/

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